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El efecto doomscrolling: por qué no puedes dejar de mirar malas noticias

  • Jul 22
  • 4 min read

Updated: 5 days ago


Son las 11 de la noche.

Abres tu red social favorita con la intención de ver "solo cinco minutos". Un vídeo lleva a otro. Después aparece una noticia sobre una crisis económica, un conflicto armado, un desastre natural, un caso de violencia...

Sin darte cuenta, ha pasado una hora.

Te sientes cansado, preocupado y, aun así, sigues deslizando el dedo hacia abajo.

Si alguna vez te ha ocurrido, has experimentado el doomscrolling.


¿Qué es el doomscrolling?

El término proviene de la unión de dos palabras inglesas:

  • Doom: fatalidad, desastre o condena.

  • Scrolling: desplazarse por el contenido de una pantalla.

En pocas palabras, el doomscrolling es el hábito de consumir de forma compulsiva noticias o contenido negativo durante largos periodos, especialmente en redes sociales o sitios de noticias.

Lo curioso es que, aunque ese contenido nos hace sentir peor, seguimos buscándolo.

¿Por qué?



Nuestro cerebro está programado para detectar amenazas


Hace miles de años, prestar atención a los peligros era una ventaja evolutiva.

Si dos personas caminaban por un bosque y una ignoraba todos los ruidos mientras la otra estaba pendiente de cualquier posible depredador, ¿cuál tenía más probabilidades de sobrevivir?

La segunda.

Nuestro cerebro evolucionó para dar prioridad a las amenazas.

Este fenómeno se conoce como sesgo de negatividad: tendemos a prestar más atención a las malas noticias que a las buenas.

Y las redes sociales conocen muy bien este comportamiento.



Los algoritmos también tienen parte de culpa


Las plataformas digitales buscan mantener nuestra atención el mayor tiempo posible.

Si un contenido genera emociones intensas —miedo, sorpresa, indignación o enfado— es más probable que interactuemos con él.

Eso hace que los algoritmos nos muestren más publicaciones similares.

El resultado es un círculo difícil de romper:

  1. Ves una noticia preocupante.

  2. Haces clic para saber más.

  3. La plataforma interpreta que ese contenido te interesa.

  4. Te recomienda todavía más contenido parecido.

Poco a poco, tu pantalla puede empezar a parecer un escaparate de malas noticias, aunque el mundo real sea mucho más amplio y complejo.



¿Qué ocurre en nuestro cerebro?


Cuando percibimos una amenaza, el cerebro activa mecanismos de alerta.

Se liberan hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol y la adrenalina, que preparan al organismo para reaccionar.

En una situación de peligro real, esta respuesta es muy útil.

El problema aparece cuando esa sensación de amenaza se repite durante horas cada día... aunque provenga únicamente de una pantalla.

Con el tiempo, algunas personas pueden experimentar:

  • Mayor ansiedad.

  • Sensación de agotamiento mental.

  • Dificultad para concentrarse.

  • Problemas para dormir.

  • Una percepción más pesimista del mundo.

No significa que el doomscrolling cause por sí solo estos problemas, pero sí puede contribuir a intensificarlos, especialmente si ya existe estrés o ansiedad.



¿Por qué seguimos mirando si nos hace sentir mal?

Esta es la parte más interesante.

El cerebro cree que encontrar "una noticia más" puede darle la información necesaria para sentirse seguro.

Es como si pensara:

"Quizá el siguiente artículo me ayude a entender lo que está pasando."

Pero ese momento casi nunca llega.

Siempre aparece otra noticia, otro vídeo o una nueva actualización.

Es una búsqueda que rara vez ofrece una sensación de cierre.


El impacto en el sueño

Muchas personas hacen doomscrolling justo antes de dormir.

Esto tiene un doble efecto.

Por un lado, la luz de las pantallas puede retrasar la producción de melatonina, la hormona que ayuda a conciliar el sueño.

Por otro, el contenido emocionalmente intenso mantiene al cerebro en un estado de alerta cuando debería estar relajándose.

El resultado suele ser un descanso de peor calidad.



¿Cómo romper el ciclo?

No se trata de dejar de informarse. Mantenerse al día es importante.

La clave está en hacerlo de forma consciente.

Algunas estrategias útiles son:

  • Establecer horarios concretos para consultar las noticias.

  • Evitar revisar redes sociales justo antes de dormir.

  • Elegir fuentes fiables en lugar de consumir un flujo infinito de publicaciones.

  • Compensar las noticias negativas con contenido educativo, cultural o inspirador.

  • Preguntarte de vez en cuando: "¿Estoy buscando información... o simplemente sigo deslizando por inercia?"

A veces, esa simple pregunta basta para recuperar el control.


La paradoja del doomscrolling

Nunca antes en la historia habíamos tenido acceso instantáneo a tanta información.

Y, sin embargo, muchas personas sienten que el mundo está peor que nunca.

No necesariamente porque haya más problemas, sino porque hoy podemos conocer, en cuestión de minutos, tragedias ocurridas en cualquier rincón del planeta.

Nuestro cerebro evolucionó para gestionar los problemas de una pequeña comunidad, no para procesar un flujo constante de malas noticias de ocho mil millones de personas.



Conclusión

El doomscrolling no es una falta de fuerza de voluntad ni un simple "mal hábito". Es el resultado de la combinación entre un cerebro que presta especial atención a las amenazas y plataformas diseñadas para captar nuestra atención.

La buena noticia es que entender este mecanismo nos da una ventaja. La próxima vez que te sorprendas deslizando el dedo sin parar entre noticias preocupantes, recuerda que tu cerebro está haciendo lo que aprendió durante miles de años: buscar señales de peligro. La diferencia es que ahora el peligro no siempre está delante de ti... muchas veces está en la pantalla que sostienes en la mano.



 
 
 

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